jueves, 20 de marzo de 2014

Podría ser peor: los Jameos del Agua

Me vengo quejando bastante del turismo en los parques nacionales, que creo que contraviene la esencia de estos espacios protegidos, que no es otra que conservar un entorno natural y único. Sin embargo, no hay como visitar un lugar aún más maltratado para darse cuenta de que el turismo bien gestionado puede hasta no ser tan malo (algo que negaré haber escrito, alegando un hackeo del blog).



Los Jameos del Agua, una de las atracciones turísticas más demandadas de la isla de Lanzarote, no es sino un auténtico despropósito. Lo que se supone que va a ser la visita a un espectáculo de la naturaleza en un tubo volcánico, se convierte en una sesión de no dar crédito y de contemplar, con horror, cómo el ser humano puede ser destructivo y además jactarse de ello.

La última sensación que tiene el visitante dentro de este espacio es que está en un entorno natural. Las paredes pintadas de blanco, las luces incrustadas en las rocas, el suelo de mármol y, obviamente, las mesas del restaurante y de la cafetería convierten este lugar en uno de los bares mejor decorados que he visto, a costa de la manipulación sin contemplaciones de la naturaleza.


Quizás por eso sorprenda más aún la presencia en el lago interior de una especie endémica, Munidopsis polymorpha, un tipo de cangrejo blanco que se puede observar sin mayores problemas durante la visita y que está en peligro de extinción. Uno de los motivos de su delicada situación es, sorpresa, la presencia de visitantes en los Jameos del Agua y una horrible y extendida costumbre: la de arrojar monedas a cualquier fuente o curso de agua que sea objeto de turismo masivo.

El óxido que desprenden estas piezas ha puesto en serio peligro la supervivencia de los decápodos, lo cual se ha intentado paliar con la prohibición de este gesto. Algo que no me deja tranquilo, conocida la cabezonería que solemos tener en cuestiones de creencias estúpidas. ¿No sería más eficaz prohibir la presencia de visitantes que colocar un cartel junto al lago?


La artificialidad se hace oficial al observar la piscina, un lujo para grabar un vídeo musical a lo Justin Bieber o para dar una fiesta de lo más exclusiva, pero carente de interés para el visitante que pueda entrar buscando el atractivo volcánico de la isla de Lanzarote. Algo que sí se encuentra, alivio, en la Casa de los Volcanes, donde se puede conocer la dinámica y la historia de la actividad magmática en las Islas Canarias y que hace que merezca la pena la visita a este enclave, que para mi grupo supuso la misma inversión económica que el acceso al Parque Nacional de Timanfaya. No hay color en la comparativa calidad-precio.

Quizás no entienda el arte o sea un radical de la conservación de los espacios naturales, pero vender como enclave natural único un lugar que tiene un restaurante, una cafetería, una piscina y un auditorio no me parece de lo más honesto, máxime cuando estamos hablando de un sitio tan maltratado por la mano del hombre.